La Vida social empieza a los tres años

La cosa se complica


Nota publicada por Genoveva Artcaute y Jorge Goyeneche en la revista Humor.
Esto va para que se desasnen los desprevenidos que, transitando por esas calles de dios, se sobresaltan ante fachada azul eléctrico, verde loro o naranja rabioso, con carteles tipo “El enanito mimoso”, “Compinchitos” o “El soplido divertido”. 

No son peringudines para edípicos regresivos, sino las autotituladas “residencias para fiestas infantiles”. Su misión es iniciar a los niños en los tejes y manejes de la convivencia en sociedad y brindarles un lugar donde aprendan a ganar el stress nuestro de cada día.

 

No sea animal, regálele a su hijo una inolvidable fiesta de cumpleaños. Porque por si no lo sabe…

LA VIDA SOCIAL EMPIEZA A LOS TRES AÑOS

Hace poco una amiga, madre de una niñita de cinco años, me comentaba escandalizada:

-¡Ya no puedo disponer de las tardes de los fines de semana! Es más, hay días en que corremos verdaderas maratones: de 4 a 5 la fiesta de Barbarita, de 5 a 6  la de Juliana y de 6 a 8 la de Maximiliano Enrique. Y encima la pobre Yésica pescó en las tres fiestas la misma parte del mago. Y para colmo no podés ir con las manos vacías. Alguna pavadita tenés que llevar.

-Bueno –contesté- pero después de todo no podés quejarte, quiere decir que la nena se da con los compañeritos, que es sociable, qué sé yo…

-¡Macanas! Yésica es hosca como una araña y no hay vuelta que darle. Pasa que se les ha dado por la furia cumpleañera. Todos invitan a todos sin distinción de raza credo o ideología. Son treinta en la salita del jardín, así que date cuenta. Me voy a volver loca. Dentro de quince días esta cumple los seis y no sé qué voy a hacer.

-Me imagino, vos tenés un departamento chico para semejante indiada…

-¡Qué departamento ni qué niño muerto! –se enfureció- Lo que se usa ahora es alquilar un salón de fiestas. (Salón, pensé… salón de fiestas, Gran Savoy, Palace, Provincial, guardarropa, orquesta y esas cosas) –Casualmente –siguió mi amiga- ahora voy a pedir presupuesto a “El agujero del gusanito a rayas” ¿Qué te juego a qué no baja de doscientos palos? ¡Qué filón que agarraron estos!

Juro que pensé que mi amiga estaba un tanto acelerada. Hasta que días después llega mi retoño sacudiendo un sobrecito con verdadero frenesí.

-¡Mirá, Ma, lo que me dio  Gonzalo!

-¿Gonzalo?- pregunté con desconfianza –¿Ese grandote que te hizo llorar el otro día?

-Sí, pero no, mirá adentro, mirá adentro y leé.

Miro adentro, miro adentro y leo. Una simpática tarjetita de invitación, del tamaño que tenían aquellas de agradecimiento por visita de pésame recibidas. Pero en lugar de la tira negra, estas llevan payasos y esas cosas. Empezaba así con la parte invariable ya impresa: “Te espero en ‘Un mundo feliz’, tal día de 17 a 20hs para festejar mi cumpleaños. No faltes”

Ajá, pensé yo, con horario de salida y todo. Eso no suena muy hospitalario que digamos…

-Ma, Ma,  ¿Qué le voy a regalar?

En vías de dar el primer paso en este baile en que lo han metido, uno intenta que la criatura defina, no si Gonzalo es ciclotímico o sanguíneo, si prefiere la praxis a la contemplatio, sino algún dato simple sobre sus gustos.

-A ver… no sé… ¿cómo es Gonzalo?

-Alto.

-Bueno, pero ¿de qué hablan con Gonzalo?

-Yo con él no hablo, dice cosas que no se dicen y se la pasa molestando.

-Entonces no vayas a la fiesta

-¡No! ¡Todos van! ¡Invitó a todos!

Claro, van todos. A tal alarde de originalidad, le agregué el mío: un autito de colección y listo.

 

SÚMELE, SÚMELE, SÚMELE

¿Y cómo es la cosa? El horario es riguroso, porque lo adecuado parecen ser tres horitas justas de festejo. El escenario siempre igual y siempre cambiante, como las olas del mar. Casas antiguas, impecables, vestidas eternamente de fiesta. Casi, casi, como los jardines privados, que no suelen ser otra cosa. Un salón comedor con mesas y sillas enanas, un salón para jugar, sanitarios ad hoc y hasta en algunos casos nurseries para los bebés, para que queden al margen. Todo adornado con afiches, móviles y cubos a todo color.

Varias expertas en relaciones públicas infantiles se ocuparán de recibir a los invitados, proponer juegos, soplar mocos, prender velas y repartir la torta, separar a los contendientes y todas esas cosas, lo cual recibe el nombre de “animación”. Hay variantes opcionales: mago o payaso según los presupuestos, con pititos o sin pititos en las bolsas de regalo. Todo muy organizado, porque lógicamente las criaturas no podrían organizar su diversión con un mínimo de criterio: media hora para recibir, dos horas de animación y media de cine mientras van llegando los padres.

Es digno de verse el pulcro salón después. Uno piensa invariablemente “así hubiera quedado mi casa, hay cosas que no tienen precio”. Sí lo tienen. Salado lo tienen. Cerca de cien palos, según las variantes apuntadas; y otras, como la categoría del lugar, según haya o no que atender a los adultos. Pero eso sí, uno se saca de encima un toco de problemas y un toco de plata, de paso.

Porque al alquiler del local súmele la comida. No cualquier casa sirve para recibir treinta niños pero la comida puede hacerse en cualquier cocina (¡!) Uno lleva todo y listo. También la torta. También el cotillón, esas bolsitas de nylon llenas de sorpresitas de plástico y caramelos que, según la propia experiencia, ya no constituyen ninguna sorpresa y son desparramadas con absoluta indiferencia. ¡Ah, y las tarjetas de invitación!

Súmele, súmele y súmele. Y no me diga que semejante gasto es un delirio en estos tiempos oscuros. A mediados de mayo tienen cubiertos los turnos de junio, fines de semana y algún que otro día laborable también. Un consejo: vaya con tiempo, porque a los padres se los nota algo empecinados en estos agasajos. No sólo cuando el párvulo ya tiene compañeritos. No, señor, así es fácil organizar el cumpleaños y no requiere de los adultos un gran esfuerzo de imaginación. Cuando el agasajado no tiene condiscípulos a mano, todo se complica. Los padres, emperrados, se meten en el berenjenal que presentamos a continuación.

 

¿Y DÓNDE ESTÁN LAS GANAS DE VIVIR UNA FIESTA?

 

Ella: -Querido, en un mes Emiliano cumple tres añitos…

Él: -¿Y?

Ella: -Estuve viendo salones. El más acomodado me pareció “El conejito retobado”. Acá tengo el presupuesto del local, el cotillón, las tarjetas y la torta.

Él: -¡¡Trescientos palos!! ¿Para cuántas personas?

Ella: -Treinta y cinco nenes, los adultos son aparte…Él: -¿Y de dónde sacamos 35 chicos?

Ella: -Ya lo pensé: son ocho primos, cuatro los hijos de mis primas, seis en los departamentos de acá, los de mis compañeros del estudio y del gimnasio otros siete… Están los nenes de tu jefe que son tres… ¿Ves que los juntás enseguida?

La fiesta es un éxito completo a juzgar por los resultados: un bochinche de locos, una masa de pequeñines deambulatorios chocándose entre sí sin dar bola a nadie, una parva de adultos que se quedaron a tenerle la vela a sus hijos que no querían desprendérseles y Emiliano, emocionado hasta la parálisis por tanto homenaje junto, solito en un rincón. Los padres, diciéndose con beatitud: ¡Qué contento estaría si entendiera!

 

¡MOVETE, CHIQUITO MOVETE!

Semejante insensatez busca su justificación en la tan mentada sociabilización de los niños. Está mal visto que el infante sea retraído, sereno, que se lleve como la miércoles con algunos de sus pares, que rechace ciertos juegos. El modelo que se impone es un enanito frenético y consumista, competitivo, enganchado al convoy de usos impuestos más por la necesidad que por la cordura pedagógica y el sentido común.

Alguien descubre el filón y se salva como puede. Entonces los “Gusanitos a rayas” proliferan, los jardines y guarderías privados se alquilan sábados y domingos para paliar la crisis difundiendo modalidades entre quienes se dejan. Allá ellos.

Porque si se tratara de fomentar la amistad e inculcar la noción de festejo entre quienes se conocen, se quieren y se eligen, bueno, gastemos lo que no tenemos. Pero parece ser que el objetivo es que el niño tenga “conocidos” a montones, compromisos sociales hipócritas (este llevó a un mago, éste me regaló una bazofia). Y todo el interés de la fiesta se centra en estos accesorios.

Antes –fatídica palabra- no se hacían tarjetitas. De palabra nomás y casi en secreto, elegíamos y éramos elegidos para tertulias íntimas de tres o cuatro, chocolate de por medio, sándwiches,  masas (¡o tempora!) y torta.  Raros eran los cumpleaños con cine o mago, salvo en las familias ricas. Nadie se ofendía si era excluido, porque cada cual era libre de elegir su amigo, su confidente, su hermano de elección. Y cabían holgadamente en cualquier casa. O se optaba por la variante de llevar al grupito de varones al club o al parque a potrerear con libertad, mezclando el cumpleaños con el juego, el deporte y el cansancio feliz.

Antes la pavada se centraba en “los quince” de las nenas. Sí, las modas cambian, pero no mejoran. Había tarjetas, traje especial, salón de alquiler, danza ritual, fotos y conjunto local. Uno se divertía poco pero se exhibía mucho… más de lo que se tenía. Hoy las adolescentes han escapado a esas trampas y sus reuniones son más libres y espontáneas, auténticas. Y los que están en el negocio se las han agarrado con los más chiquitos sus desubicados padres. 

Que se embarcan en esto porque sí, porque todos lo hacen y les enchufan a los críos la solemnidad, el disimulo, las tarjetitas, las etiquetas y las susceptibilidades…

Como decía el Roberto Carlos: “¡Yo quiero tener un millón de amigos!

¡Jodete!

 

G.A.

Presentaciones y Espectáculos

Okupas del Andén se presentan en la Estación Provincial

El sábado 7 de julio, a las 16 horas, el grupo de teatro comunitario Okupas del Andén participará de la visita guiada teatralizada que se llevará a cabo en 17 y 71. La actividad, que es con entrada libre y gratuita, tiene como fin conocer la historia del lugar que dejó de funcionar como estación en julio de 1977.

“Resistencias” en el MUMART

La muestra esta integrada por obras de Ana Perrotta, Viviana Mendez y Gustavo Alfredo Larsen. La sala de 7 y 49, permanece abierta al público de martes a viernes de 10 a 20hs. y sábados y domingos de 14 a 21hs.

Ciclo de cine Nacional Espacio INCAA

De martes a domingo. A las 17.30hs se proyectará Cetáceos. A las 19.30hs La sangre del gallo.
Entrada $50. Pasaje Dardo Rocha - 50 e/ 6 y 7 - 1ºP. Cine Municipal Select- CineAr. Sala La Plata

Cine Select Móvil en el Museo Almafuerte

Todos los sábados los amantes del cine van a poder disfrutar de las mejores películas latinoamericanas en el museo Almafuerte, ubicado en avenida 66 Nº 530 entre 5 y 6. Entrada libre y gratuita.