La fuerza del sincretismo

Sobre Concierto de equipaje / África, sueño de un viaje olvidado


Por Maximiliano Costagliola

¿Qué tan lejos nos hallamos de nuestros orígenes como humanidad? Si uno escoge los habituales parámetros de referencia, la cronología e incluso las capas culturales que se nos han ido adosando a lo largo de nuestra ya vieja historia, se ve tentado a responder apresuradamente que muy lejos; tanto quizás como la distancia de una especie a otra. Pero la perspectiva cambia si modificamos los términos de la ecuación y la planteamos en palmos sensoriales. Ahí la distancia se reduce a cero, simplemente desaparece.

Deleuze decía que si al ser humano se lo despojaba de su cobertura cultural no quedaba más que hueso. Y es cierto que la cultura ha hecho su trabajo a través de los diferentes mecanismos de represión que ha instalado en el sujeto. Pero no lo es menos que si destituyésemos los tabúes por un momento afloraría, más que una osamenta muerta, ese lado oscuro, salvaje, instintivo que nos constituye tanto como lo otro y con el que convivimos a diario. Algo de esto sugiere Saer en su célebre novela El entenado cuando subvierte la hipótesis de origen y se pregunta si la población indígena del Río de la Plata –y de todo el mundo por extensión– no era más auténtica y fiel a su condición en las constantes sumersiones en ese génesis “negro” que practicaba a través de sus desenfrenadas celebraciones, que el hombre occidental desarrollado con su cosmovisión higiénica de un paraíso ajeno que nos explica y hacia el cual retornamos “avanzando”.

Es entorno a este interrogante fundacional que giran las obras teatrales Concierto de equipaje y África, sueño de un viaje olvidado –que dicho sea de paso, pueden apreciarse como un continuum o independientemente–, presentadas en El Galpón de La grieta este fin de semana. Desde una dramaturgia que le disputa a la mirada antropológica y al teatro clásico la construcción de un sentido lineal y unívoco –a la vez que se lo hurtan al propio espectador–, estas obras optan por un lenguaje dislocado que opera como una metralla de sentidos, poniendo en jaque no sólo las construcciones que uno va tentando para hacer pie frente a ese despliegue avasallador de signos y símbolos sino también a las que él mismo va proponiendo. De ahí el énfasis puesto en los objetos, los cuerpos, los desplazamientos y las distintas formas de habitar el espacio-territorio. Como quien descubre, las protagonistas se enfrentan a lo desconocido avanzando y reculando, atacando y protegiéndose, descorriendo velos y ocultándose al mismo tiempo. Miedo y osadía se entremezclan todo el tiempo para dar lugar a una danza alienante donde una otredad, que nos es ajena más por extrañamiento que por condición, activa el elenco completo de nuestros propios fantasmas.    

Cuando la apuesta es audaz el artista se expone a un resultado y a un juicio en los extremos. Esto parece saberlo bien el equipo entero de Concierto de equipaje y África, sueño de un viaje olvidado, que decide arriesgarlo todo a un cuaderno de bitácora que se reescribe a partir de los sucesivos ensayos y presentaciones y no desde un texto previo. Como en un viaje en una embarcación donde la orientación se redefine constantemente en función del viento, esta idea de proceso, de obra en permanente construcción, invita a una itinerancia errante más que a un destino seguro y palmario. No hay hoja de ruta, apenas unas breves intervenciones de una voz en off que lejos de hacerle de brújula desacomodan al espectador, lo vulneran un poco más, impulsándolo a soltar las boyas de sentido que ha ido fabricando para no naufragar y a entregarse a esa rompiente de impresiones que lo desborda.

Antes que un culto de lo críptico lo que se nos propone es un montaje babélico donde lo ancestral y lo contemporáneo dialogan permanentemente, dando lugar a un sincretismo semiótico que conjura y armoniza las diferentes percepciones. Percepciones que, como en un ritual alucinado, van distorsionándose y adquiriendo proporciones desmesuradas. Entonces todo se emancipa, se potencia y se amplifica en ese retorno al origen que no es otra cosa que deshuesar toda la simbología encarnada en los objetos que nos rodean y en las representaciones con las que enfocamos el universo. Un ejercicio de deconstrucción a gran escala en el que la palabra ya no puede ser la única herramienta –y tal vez siquiera la protagonista–.

Una de esas experiencias viscerales que envuelven y lo dejan a uno perturbado mucho después de la temporalidad de la obra. Y si no, pasen y vean.

 

Obras: Concierto de equipaje / África, sueño de un viaje olvidado

Dirección: Tatiana Sandoval

Performers: Rocío Celeste Fernández, Sofía Galindo, Bárbara García Di Yorio, Yanina Grasso.

Duración: 43 minutos.

Funciones: domingos 5, 12, 21 y 29 de noviembre.     

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