"Diccionario" por Ramón D. Tarruella

"Textos 1" te acerca la historia de la semana


Perverso. Que obra con mucha maldad y lo hace conscientemente o disfrutando de ello.

La definición parece caerse del cuaderno, una peripecia le permite unirse al resto de la oración, Juliana lo sabe pero no quiere estropear el orden original del cuaderno, los márgenes es el espacio elegido para sus acotaciones, en color azul y letra diminuta, la más diminuta posible para que ingrese todo el significado sin alterar los espacios. Las últimas palabras se sostienen languideciendo hacia abajo, sin embargo ella está conforme cómo se distribuyen las palabras suyas y de ese otro, el extraño, el propietario del cuaderno.

Ahora Juliana retorna al cuaderno, domingo 6 de mayo dice el cuaderno, y justo una semana después de ese 6 de mayo, ella abandona la taza en un rincón de su mesita de luz, para apoyar sobre sus faldas el diccionario Espasa-Calpe, siguiendo la recomendación del profesor de Lengua y Literatura para mejorar su ortografía y leer, leer mucho también le había aconsejado el profesor, así de simple, leer dijo el profe, una vez que le entregó el examen y le había anotado, al final del examen, debajo de la nota, “Cuidar la ortografía”. Y una vez terminada la clase, ella se le acercó para resolver las faltas de ortografía, dos puntos menos por las faltas de ortografía, “leer todo lo que puedas”, dijo él, apoyando su mano derecha sobre la carpeta de registros, ya cerrada, con su tarea lista y a punto de abandonar el aula, y volvió a repetir el consejo.

Leer, simplemente leer. Y esa misma noche, decidida a asumir uno de los consejos del profe, lee un diario de alguien, extraño, ocupante de la habitación 215, un diario íntimo de letra clara, lo único que entorpece su lectura son las palabras desconocidas y para eso el diccionario Espasa-Calpe, segundo consejo del profe, diccionario propiedad de la señora Gómez Victorica, dinástica familia de tertulias y eventos en la ciudad, donde trabaja hace un año y de donde apenas se había llevado un cenicero de cerámica, unos aretes rojos y pequeños utensilios extraños, y cuando ella comenzó el plan Fines y descubrió sus faltas de ortografía y llegó el consejo del profe, entonces, se llevó otro objeto de la casa, esta vez por necesidad y del segundo piso, de la biblioteca de enciclopedias y manuales, un diccionario Espasa-Calpe del que sólo ella advertiría la ausencia, sólo ella sabía del orden de ese segundo piso luego de cada limpieza. Y fue un jueves de Semana Santa, la casa sola, el hijo mayor durmiendo y ella que por decisión propia comenzó a limpiar ese segundo piso, sola y en silencio buscó el diccionario y luego también supo disimular la ausencia del Espasa-Calpe, año 1956.

Y semanas después, varias semanas después y de noche, ese mismo diccionario permanece apoyado sobre sus faldas, y encima del diccionario el cuaderno, dos objetos que hacía tres días ocupaban la mesita de luz, desde que se había llevado del hotel ese cuaderno espiralado, de letra ajena y de propiedad incierta, ahora su lectura elegida y que va y viene de la mesita de luz a sus faldas, haciendo suyo los márgenes del cuaderno para redactar los significados de las palabras desconocidas. Perverso. Que obra con mucha maldad y lo hace conscientemente o disfrutando de ello. Página 382 del diccionario. Entonces sí, ahora sí retoma la lectura del domingo 6 de mayo, a la muchacha que cumplía años, un cumpleaños que festejaron un sábado a la noche, en el patio de la casa de la muchacha, y que él, el propietario del diario, desde su casa podía ver, todo pudo ver, según lo había contado en el diario.

Al retomar la lectura, y a medida que avanza en el diario, en ese domingo 6 de mayo, Juliana, con la parsimonia de la soledad y la noche, reconstruye el patio de esa casa vecina y a las chicas bailando ya pasada la medianoche, un anónimo dueño del diario que se había ocupado, al otro día del cumpleaños, en describir a chicas de 16 o 17 años, cinco chicas solas en el patio de la casa vecina y bailando cumbia, y él mirándolas desde la ventana de su altillo, la luz apagada del altillo, en penumbras y en silencio.

Penumbras. Estado o situación en que hay poca luz pero no se llega a la oscuridad.

Y él, en penumbras, solo como Juliana en su propia pensión, se encontró con una preocupación impensada un sábado a la noche, unas chicas moviéndose para ellas, echando hacia adelante los pechos sin tamaños definidos, arqueando las curvas para sí, entre las mismas chicas, en un rectángulo breve, cinco, seis chicas ensayando la lección erótica, incipiente, un escenario que él descubrió y un día después, lo reconstruía en el diario, para culminar con una pregunta sin destino: “¿Es acaso perverso masturbarse con chicas que pueden ser mis hijas?”, una pregunta que repetía ese 6 de mayo, domingo en su diario, ahora en otra ciudad y en otras manos.

Juliana lee tres renglones más y vuelve a pensar a quién le habría robado el diario, un cuaderno que se llevó por su manía de siempre, en su paso efímero por el hotel, un trabajo por cinco días, el mismo tiempo que duró el Congreso en la ciudad y por eso necesitaron tres mucama más, cinco días para el Congreso de Educadores de Medio Ambiente, un hotel con un movimiento único para esa época del año. ¿Dónde viviría ese hombre que ocupaba la 215?, ¿acaso los hombres adultos y académicos de la gran ciudad tenían todos esas fantasías? Sentada sobre el respaldo de la cama, desvelada, enumera preguntas mientras el diario permanece en sus faldas, una carilla entera dedicada para el domingo 6 de mayo, unos días antes de esa noche en que Juliana enumera preguntas e intenta imaginarse un patio trasero y al aire libre, Juliana con el cuerpo tapado hasta el inicio de los pechos, pensando en lo que se puede observar desde un altillo, un catedrático y congresista, como le decían los dueños del hotel a cada uno de los invitados, un congresista y docente que se masturbaba, un sábado a la noche.

En el tercer día de trabajo en el hotel descubrió el diario, al levantar un bolso grande, al pie de la cama, un movimiento necesario para pasar la aspiradora en toda la 215 luego de limpiar el baño y renovar las toallas y el jabón, el bolso grande pero liviano, un cierre a medio abrir y el vicio de Juliana de revisar los rincones huidizos, los espacios entre un último libro y el estante, o la parte de atrás de la mesa de luz, lo mismo con los bolsos de viaje o carteras con cierres flojos, y en muchas ocasiones, por esa clandestina curiosidad, Juliana terminaba por apropiarse de un objeto, y otras veces tan solo se conformaba con conocer el orden de los objetos de la cartera de su patrona o ver las cosas que los niños de la señora llevaban al club. Esa mañana fue el cuaderno tamaño A4, una letra alta y manuscrita, un cuaderno por encima de dos libros de títulos largos y de palabras inentendibles, al costado dos remeras sin uso y un calzoncillo, y fue el cuaderno con la letra cursiva lo que despertó su curiosidad, una sospecha que la llevó a ubicarse en cuclillas y el primer intento de leer qué le había sucedido a ese hombre, un 17 de marzo, miércoles, un día sin mucha actividad, unos seis renglones y un espacio, y luego otro día, el domingo 21 de marzo. Y ese día, en el hotel, no quiso demorar más tiempo, le faltaban las habitaciones 216 y 218, y entonces se apropió del cuaderno, las sábanas nuevas y la colcha estirada, lista la cama, y ella que abandonaba la habitación, el cuaderno amarillo escondido bajo el delantal de trabajo para luego meterlo en su cartera.

Pero el trabajo en el hotel ya había terminado, el Congreso finalizado, sus participantes de regreso y Juliana en su habitación, aprovechando como pocas veces el diccionario, copiando significados en los márgenes del cuaderno y preguntándose quién es ese hombre que desde un altillo de su casa podía masturbarse con seis adolescentes, y por qué el mismo había escrito “podían ser sus hijas”, unas chicas que ensayaban una sensualidad que en breve pondrían a prueba, en otro cumpleaños o en un boliche, ya con nuevas intenciones, las adolescentes jugando unas con otras, una música de cumbia de los ochenta, y todo según lo que escribió ese hombre el domingo 6 de mayo, al otro día de la desmesura.

Desmesura. Descomedimiento, falta de mesura.

A tres días de la desmesura, el hombre se reencontraba con su ex novia luego de ocho años de finalizada la relación, una cena en la casa de él, apenas una botella de vino y el sexo, en el mismo living, lejos del altillo supone Juliana, y ella, en la habitación, con la débil luz de la lámpara intenta imaginar a la mujer, la ex novia del hombre, según el diario del miércoles 9 de mayo, “las tetas eran dos sandias blancas”, y “un culo como zapallo podrido” escribía ese hombre, un miércoles 9, otro día que supo entretener a Juliana, a tal punto que posterga el repaso de la lección de Historia, a dos días de rendir un examen, preocupada ahora por imaginarse a la mujer, la ex novia del hombre. Y también volver a imaginar al hombre del diario. Al principio lo cree peligroso, y eso despierta en ella un deseo de conocerlo, en alguna situación posible a pesar de que lo piensa peligroso, es la misma tentación que la lleva a leer, nuevamente el diario del domingo 6 de mayo y el cumpleaños en la casa vecina, las chicas ensayando sus cuerpos, “las tetitas nuevas y frescas” escribió él, el congresista, académico que días antes de ese domingo y en el mismo diario, confirmaba que en Santiago de Chile se publicaría un artículo suyo, él mismo congresista y académico que había sido invitado al Congreso y que se preguntaba si era “tan perverso masturbarse con chicas de 16 años”. Y la intriga, de un momento a otro, lleva a Juliana a memorizar los rostros que supo ver en el hotel, si acaso uno de esos hombres, indiferentes siempre por los pasillos o en el salón comedor durante el desayuno, era el dueño del diario. Es esa nueva tarea que la desvela, con luz débil y sola, olvidándose del texto sobre el primero gobierno de Rosas y el contexto internacional, la suma del Poder Público y la creación de la Mazorca.

Así, en ese rato, recuerda los rostros de los hombres que ella pudo ver en el hotel, buscar en esos rostros al que corresponde a ese hombre que surgía de esas líneas, y piensa en esos rostros que desayunaban antes de rumbear hacia el Congreso o merodeaban en el pasillo luego de dejar la llave de su habitación, con pasos apresurados y charlas íntimas, la privacidad que ningún pueblerino podía alterar. Y Juliana se anima a imaginar que cada uno de esos hombres, convocados a una ciudad que pronto olvidarán, lleva un diario idéntico con ese tipo de escenas, con preguntas tan osadas como “¿acaso es perverso masturbarse con chicas de 16 años”. Es posible que muchos conservaran ese tipo de dudas en textos que nunca, nadie podría leer, salvo ella, Juliana, en su pensión y postergando la lección sobre el primer gobierno de Rosas.

Masturbar. Acción para estimular los órganos genitales o de zonas erógenas con la mano o por otro medio para proporcionar goce sexual.

Lo anota en uno de los márgenes, luego de leer por segunda vez el día domingo 6 de mayo, y con el lápiz de estudio, el mismo con que subraya las ideas principales de los textos, remarca en el diario la palabra “masturbar”, la tentó saber con qué palabras el diccionario define el acto de masturbarse. Jamás ella había compartido sus fantasías, menos aún contó las veces que se masturbaba, eso piensa Juliana, sola, en una habitación en la que nunca había tenido otra tarea que repasar las lecciones, mirar televisión y justamente masturbarse, a la noche y luego de bañarse, bajo las sábanas, como si hubiese alguien que pudiera espiarla y allí, Juliana concluye que sus fantasías habían sido más bien con hombres mayores, y le viene el recuerdo del esposo de la señora Urzúa, de unos cincuenta y tantos años, incluso a veces lo había espiado tomando sol en su jardín y frotándose la malla, él echado sobre una reposera, para levantarse erguido, la malla apretada y todo lo que Juliana luego proyectaba, sola y en esa misma habitación. Entonces, nuevamente tranquila, duda si acaso ella se animaría a escribir esas fantasías con el esposo de la señora Urzúa, donde trabajó por cuatro años hasta que al señor lo derivaron a una empresa de Córdoba y la familia entera se mudó, él, la señora Urzúa, la malla del señor Urzúa, todos hacia Córdoba, y ella, en alguna noche, supo evocar la mano atrevida del señor Urzúa sobre la malla rozándose la pija bajo el sol. Durante un buen rato enumeró otras fantasías imaginando cuáles de sus tentaciones escribiría en el cuaderno, en un cuaderno, propio y único. Aunque primero debía aprender a escribir con fluidez y para eso había decidido terminar la secundaria en el Fines, tres años y un título secundario, y ya con la destreza para escribir con fluidez, tal vez, entonces, podía escribir un diario, luego de la cena, quizás en una pieza más grande o en un departamento, y en ese cuaderno suyo narrar sus fantasías al tender los slips de Juan y Bautista, los hijos de Gómez Victorica, donde trabaja ahora, eso cree Juliana, con el cuaderno abierto, de ese otro el extraño, sobre sus faldas.

De a poco Juliana se adormece y comienza a aflojarle los brazos, se le entrecruzan los renglones en su falsa lectura, el cuerpo fláccido, Juliana ya tiene diseñado el día de mañana, el despertador del celular a las seis, el intervalo del mediodía para leer a Rosas y las medidas más importantes de su primer gobierno, regresar por un rato a la pensión antes de la escuela, y luego, a la noche, posiblemente volver al cuaderno, con el deseo de encontrar nuevas confesiones, alguna fantasía peligrosa, una comparación despiadada entre el sexo y el mundo animal, y tramar también si acaso ella podía tener un diario, más adelante, con el secundario avanzado, cuando pudiera prescindir del diccionario, tal vez ya en un departamento con un patio para disfrutar de algunas plantas, mientras se le afloja su cuerpo, se desplaza hacia el interior de la cama, la luz débil de la lámpara, ahora innecesaria, y nuevamente en el entresueño aparecen y se mezclan los rostros del hotel como figuras difusas, segura que todos ellos esconden un diario personal, algunos más osados que otros, sin excepción, y mientras Juliana se desplaza hacia el interior de la sábana, la luz apagada ya, los rostros difusos de los congresistas desayunan en el Salón Comedor, todos ellos escribiendo sus diarios al mismo tiempo, abiertos de par en par.

 

Sobre el autor

Ramón D. Tarruella (Quilmes, 1973). Es docente de historia y coordina talleres literarios. Trabajó en varios medios periodísticos y algunos de sus cuentos fueron premiados y publicados. Es autor de dos libros de no-ficción, ambos editados por la Comuna: Crónicas de una ciudad: historias de escritores vinculados a La Plata (2002), y Mitos y leyendas de La Plata (2007); de dos novelas Balbuceos (en noviembre) (2009, Editorial Mil Botellas) y Allá, arriba, la ciudad (2010, premio de novela Luis José de Tejeda, Córdoba, 2009). Y autor de dos libros de historia: 1914. Argentina y la Primera Guerra Mundial (Aguilar, 2014) y La mecha encendida. Los atentados anarquistas en Argentina (Ediciones Lea, 2015). Es fundador e integrante de la editorial Mil Botellas. El cuento “Diccionario” forma parte del libro de cuentos inédito Asunción no es París, que anda buscando editorial.

 

 

Presentaciones y Espectáculos

Teatro Independiente en las salas del Pasaje Dardo Rocha. Entrada gratuita

Jueves 25-21:30hs.Sala B. Vangelina Rimember y sus primas / Sábado 27 - 21:30hs. – Sala B. El éxodo, ficción patria

Domingo 28 - 16hs. - Sala B. Bicicletto / Domingo 28 - 20:30hs.- Sala B. El psicoanalista de Fierro

 

Ciclo de cine Nacional Espacio INCAA

De martes a domingo. A las 17.30hs se proyectará Cetáceos. A las 19.30hs La sangre del gallo.
Entrada $50. Pasaje Dardo Rocha - 50 e/ 6 y 7 - 1ºP. Cine Municipal Select- CineAr. Sala La Plata

Cine Select Móvil en el Museo Almafuerte

Todos los sábados los amantes del cine van a poder disfrutar de las mejores películas latinoamericanas en el museo Almafuerte, ubicado en avenida 66 Nº 530 entre 5 y 6. Entrada libre y gratuita.